EL USO DEL LENGUAJE INCLUSIVO EN COMUNICACIÓN
El uso del lenguaje consolida nuestra
capacidad comunicativa y es nuestra mayor herramienta de relación
interpersonal. En este caso, el lenguaje en prensa es esencial, ya que los
medios de comunicación constituyen un papel muy importante en la sociedad actual
y por ende en las opiniones e incluso ideologías de la esfera pública.
Dentro
del mencionado lenguaje nos encontramos con diversas ramas y subcategorías del
mismo, una de ellas es el lenguaje discriminatorio hacia las mujeres, el cual
ha pasado desapercibido a lo largo de la historia, pero que, en los últimos
años está en el punto de mira. La sociedad, generalmente, cada día toma más
conciencia de la situación patriarcal en la que vivimos, es por ello que el
lenguaje exclusivo cada vez está peor visto entre los ciudadanos, al menos
entre aquellos defensores del feminismo.
Este tipo de lenguaje del que venimos
hablando se denomina sexismo lingüístico, y consiste en no diferenciar a las
mujeres en los colectivos en los que haya, al menos un hombre. Es decir, si hay
un grupo de siete mujeres y se une un solo hombre, el “vosotras” pasará a
llamarse “vosotros”, aunque el género femenino sea mayoritario. Es algo con lo
que convivimos diariamente y que en muchas ocasiones no nos damos cuenta o no
incidimos sobre ello ya que su uso está mundialmente generalizado, también
estamos muy acostumbrados y lo hemos incorporado en nuestra sociedad como algo
“correcto” y lingüísticamente aprobado.
También
nos salta a la vista el concepto de androcentrismo, que se basa en atribuir la
generalidad de las acciones del ser humano exclusivamente al hombre, es el
ejemplo de los enunciados históricos o actuales en lo que de esta manera
colectiviza al conjunto de la raza humana; por ejemplo, en la frase “la
naturaleza está cohibida por las acciones del hombre” se refiere a hombre como el conjunto de personas que viven en el
mundo, una visión mundialmente aceptada. El problema es que atribuye únicamente
los méritos al hombre, a día de hoy, el androcentrismo, algo que hace años era
incuestionable, cada vez trae más quebraderos de cabeza para los y las
ciudadanas (lenguaje inclusivo).
Como
medidas alternativas para suplir este problema comunicativo entre géneros, hay
diversas propuestas que se pueden llevar a cabo y que, incluso, ya se hacen en
algunos diarios, meetings, propagandas, publicidad o medios.
o
El uso del @ a modo de sustitutivo de las
vocales “a” y “o” incluyente a ambos géneros.
o
A mismos efectos que el caso anterior, se
puede hacer uso de la consonante “x” también como sustitutiva de las vocales de
géneros.
o
El uso de “/” como separación entre
masculino y femenino, por ejemplo: “vecinos/as”. En este caso y basándome en
las líneas del manual de la asignatura, prevalece el masculino sobre el
femenino, es decir, en primer lugar se procederá a poner el referente a los
hombres, y después con la separación de
la barra, en referencia a las mujeres.
o
Otra opción más larga y quizás más
redundante a la hora de la lectura o escucha,
es la de poner las palabras completas indicando la diferenciación de
género, por ejemplo “los vecinos y las vecinas”.
Como vengo diciendo, y como mujer que soy,
diariamente escuchamos este lenguaje exclusivo, y aun así, nos damos por
aludidas porque parece que forma parte de nuestra sociedad y de lo que venimos
escuchando desde que nacemos y hasta que morimos. Personalmente, y metiéndome
en una opinión más individual, a mí no me molesta este tipo de lenguaje y nunca
me había parado a hacer reivindicaciones sobre el mismo, pero sí que es verdad,
que es algo que inquieta cuando de igualdad se trata. No me afecta el hecho de
que se me considere género masculino constantemente, sino que me crea inquietud
e inseguridad, el hecho de que se haga porque realmente refleja el pasado de la
historia gobernada y apoderada por el género masculino en su conjunto.
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